La semana pasada fue la semana de los casi…
- Casi me robaron mi cadena de oro, regalo de titulación. Estando parada en la esquina sur-poniente de Tobalaba con Providencia, se me lanzó un flaite al cuello y me cortó la cadena. Gran suerte la mía que hasta los delincuentes son ineficientes en este país y se le soltó, cayendo ésta en mi escote. Daños colaterales: cadena cortada y Daniela tiritona.
- Casi me robaron el auto. Lo tenía estacionado afuera de mi casa y aproximadamente a las 2 am tocaron el timbre los guardias de la Embajada de Egipto, quienes nos dieron aviso de que habían ladrones en mi auto: “seguridad embahada, auto negro señorita tiene ladrón”. Salieron mi padre y hermanastro perro y palo en mano y luego me avisaron a mí. Daños colaterales: vidrio y polea del capó rotas, robaron la bocina de la alarma… OK, eso sí que es flaite. Ah y Daniela llorando (y riendo con “señorita, dehe berito acá, berito cuidar”).
- Casi me caigo de cabeza por la escalera por andas a oscuras por la casa. Daño colateral: ninguno, sólo la idea en mi cabeza de qué hubiese pasado si no hubiese sido capaz de recobrar el equilibrio al último minuto (la escalera es de piedra).
Bueno, al menos fue la semana de los casi-robos y casi-caídas no la de casi-ganarme la lotería o casi-recibir un aumento.



Es entre satisfactorio y frustrante cuando no hay nada nuevo para ver en el cine… satisfactorio porque al fin pude ver todas las películas que quería ver… frustrante en caso de que quiera ir al cine y la cartelera no me acompaña. He andado cinéfila últimamente. Y como buena persona que se cree cinéfila, también me creo crítica.







