The Big Marathon: Morcheeba

Una maratón de conciertos es la razón ideal para recuperar la labor bloggera. Inspiración de sobra, tiempo, se hace (mis ojeras son testigo).

Buena manera de empezar este año 2011 (sí, digamos empezar en marzo, con la vuelta a clases… sobretodo si recién me estoy acostumbrando a no escribir 2010 en la fecha): cuatro buenos conciertos y lo que es mejor aún, presupuesto suficiente para pagarlos (me perdí una buena cuota de conciertos en el 2010 por la falta de este elemento).

Primera etapa: 2000 m planos de Morcheeba

Morcheeba en Chile

Este grupo de trip-hop (no pregunte… es el estilo musical más indefinido que conozco) se presentó el 2005 en el SUE (Santiago Urbano Electrónico), en fecha distinta que The Strokes, que fue el grupo que fui a ver en aquella versión de este festival. A mi pesar me perdí su show, con el consuelo de que la voz de Morcheeba, Skye Edwards, había sido reemplazada.

Consuelo justificado. Ayer, 24 de marzo 2011, fecha en la cual Morcheeba se presentó en el Teatro La Cúpula del Parque O’Higgins, confirmé lo que sospeché al escuchar Dive Deep (2005), disco que cuenta con Daisy Martey en las voces: Morcheeba sin Skye Edwards no es Morcheeba.

Su risa encantadora de niña, su acento british, su humor coqueto demostrado cuando acariciaba la calvicie de los guardias que se encontraban bajo el escenario o corría las tiras de su traje rojo (confeccionado por ella, según sus palabras) para dejar en evidencia y contornear hacia el público su cuerpo (por no decir, trasero) envuelto en lentejuelas del mismo color. Y claro… cómo no mencionar su increíble voz que realmente creo “calmaría hasta a una bestia”.

Si no fuera porque mis preferencias son y serán por el … género masculino, me habría enamorado de ella. Pero el tipo que a mis espaldas vociferaba “I love youuuuuuuuu!” y reía a fuertes carcajadas (como queriendo que lo escucharan del escenario) de sus chistes ya hizo de lo suyo para hacerla sentir querida por nuestro país, ¿no?

Aunque el/la vocalista suele ser el centro (literal y metafórico) del escenario, Ross Godfrey se lució en la guitarra y en la simpatía. Primera vez que asisto a un concierto así de íntimo, en un espacio de un diámetro de 50 m (nota: soy pésima con los cálculos “al ojo“, así que puede que esos 50 m sean una gran equivocación) y resultó increíblemente ameno 1) el sincero “bonding” que se generó Morcheeba-público (al punto en que incluso compartieron un caño de marihuana que pasó de la cancha al escenario) y 2) el hecho de poder estar en primera fila sin renunciar a mi metro cuadrado de espacio libre.

Las canciones: la entrada triunfal de Skye Edwards fue con una calmada “The Sea“, poniendo luego más ritmo al interpretar “Friction” tras un “Are you going to dance with me? I’m going to try… it’s very difficult in this heels”. “Part of the process“, “Trigger Hippie“, “Over and Over“, la excelente “Be yourself“, “Blood like lemonade” que lleva el nombre de su último disco y para finalizar, la única que he tenido el placer de escuchar en la radio más de una (aislada) vez: “Rome wasn´t build in a day“. Me faltaron: “Shoulder Holster“, “World looking in” y “Let me see“.

Pero perdonable… el concierto tuvo todos los ingredientes para convertirse en uno de mis favoritos: calidad musical, buena producción, excelente ambiente.