San Pedro de Atacama: Valle de la Luna

Viajar sol@… algo que hay que hacer alguna vez en la vida.

Y si es el caso, nada mejor que un hostal atendido por gente acogedora. Al parecer, ésta es una característica fácil de encontrar en la gente atacameña, pero de todas maneras me sorprendió la preocupación de la dueña del Hostal Solor (paso el dato), quien me llamó al rato de realizar mi reserva para aclararme algunos detalles y minutos tras mi llegada a Calama para saber a qué hora llegaba a San Pedro y tener preparada mi pieza, me ofreció un té o vaso de agua a mi llegada, me atendía personalmente para darme desayuno y llamó a la compañía de transfer para asegurar mi pasada a buscar.

Buena impresión en términos de acogida, sumada a la buena impresión en términos de paisaje. Desde mi camino rumbo a San Pedro desde Calama, no podía sacar mis ojos de la ventana. Habrá sido mi costumbre a los verdes paisajes del sur de Chile la que generó mi sorpresa al ver los rojos, cafés, azules y amarillos propios de la Región de Antofagasta. San Pedro de Atacama me pareció salido de otro mundo, teñido de adobe rojo.

Y hablando de de otro mundo. En la tarde visité el Valle de la Luna. ¿Por qué ese nombre? Escuché dos versiones: 1. Por su parecido con la superficie lunar 2. Por la enorme cantidad de cristales de yeso presentes en el lugar, también llamados selenitas, nombre de los supuestos habitantes de la luna.

El tour partió en el mirador del Valle de la Luna, luego seguimos al Valle de la Muerte, Las Tres Marías, adentrándonos en el área protegida, el Anfiteatro y finalmente la Gran Duna, desde donde esperamos la puesta de sol para ver los colores que viste la cordillera de los Andes.

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