San Pedro de Atacama: Salar de Atacama y Toconao

A diferencia de San Pedro de Atacama, las casas en Toconao están hechas de ladrillos, las cuales se ven muy pintorescas con sus puertas de azul paquete vela o color esmeralda. El campanario de la iglesia de Toconao recuerda quizás al de San Pedro, por su forma y su perfecto blanco, pero en este caso, está separado de la iglesia, una técnica de los atacameños para seguir adorando a la Pachamama al interior de la iglesia, cuando se les fue impuesto el catolicismo. Además, es una localidad productora de frutas, por lo que estaba llena de vegetación.

Tras un corto paso por Toconao, nos fuimos directamente al Salar de Atacama, donde comprobé que abril es la mejor fecha para visitar San Pedro de Atacama. Aún se podían observar algunos estragos del invierno altiplánico, pero tuve buen tiempo (salvo el último día, en la tarde, en que el viento hacía imposible caminar por San Pedro sin que entrara tierra a mis ojos y boca) y como la cantidad de turistas disminuye, pude tomar fotos del atardecer en el Valle de la Luna sin gente entorpeciéndola, y en el Salar de Atacama, los flamencos estaban cerca de la orilla pues no había una cantidad de personas que los espantara (esos son los momentos en que quisiera tener un teleobjetivo…).

Incluso pudimos observar flamencos adolescentes, los cuales se reconocen porque sus plumas son grisáceas, no rosadas. Esto es porque aún no han consumido suficiente de su alimento. Es por su dieta que los flamencos van obteniendo su color característico a lo largo de su vida, y pasan ¡16 a 18 horas al día alimentándose!

Con lo impresionante que es la naturaleza, le encuentro todo el sentido a rezarle a la Pachamama :)

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