San Pedro de Atacama: Laguna Cejar

Rumbo a la Laguna Cejar, pasamos primero por los Ojos del Salar, dos perfectas circunferencias con agua, en medio del Salar de Atacama. ¿La explicación científica? El suelo en ese sector sería soluble al agua, por lo que terminó en la formación de dichos hoyos. ¿La mitológica? Dentro de la misma historia de traición entre Licancabur y Jurique, Lascar, el padre de Quimal, tras fallar en su lanzamiento y decapitar a Jurique, le quita los ojos a Licancabur y los lanza al salar.

La siguente parada fue en la Laguna Tebinquinche, un lindo espejo donde se reflejaba la cordillera de Los Andes, todo en tonos azules y blanco, por la sal. Y finalmente llegamos a la Laguna Cejar, donde nuevamente habían algunos flamencos y la mayoría experimentó la sensación de flotar debido a la enorme concentración de sal en el agua.

Durante la tarde libre, aproveché de conocer el pueblo, San Pedro, donde finalmente sólo había estado de paso, fotografiar su iglesia y conocer su extraña mezcla de personajes, como los clásicos turistas (entre ellos yo), otros que llevaban su viaje un poco más allá y paseaban por las calles vendiendo, pidiendo o simplemente en una especie de trance, y por último, los locales, entre ellos una atacameña que demoró fácilmente media hora en atenderme para comprar unas artesanías, porque estaba muy coqueta conversando con un pretendiente, y otra que ya estaba un paso más allá, hablando también por teléfono largamente, bebé en brazos, para quejarse de que “no puede crecer sin papá… las cosas en las que anda metido”.

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