Parque Nacional Isluga

Tras encantarme con los paisajes de San Pedro de Atacama, quedé con ganas de seguir conociendo los paisajes altiplánicos de Chile, incluidos los de la Región de Tarapacá.

Lamentablemente, Iquique está más explotado como destino de sol y playa para los chilenos, que por sus hermosos paisajes altiplánicos cercanos, por lo que me costó encontrar a un touroperador que me llevara al Parque Nacional Isluga… Pero lo logré y valió totalmente la pena.

Ese día crucé Chile de este a oeste, de costa a cordillera, experimentando en cuatro horas de viaje las diferencias climáticas y de altura, con un pequeño apunamiento a la vuelta y 1C en el exterior después del atardecer, en contraste con el agradable clima de Iquique que oscilaba entre los 17C y los 24C.

Condiciones mucho más extremas, pero gratificadas con paisajes impresionantes, tan bellos como los del altiplano de la Región de Antofagasta. En el camino vimos primero el geoglifo Gigante de Tarapacá, aún en la depresión intermedia, y después de pasar del desierto a los verdes, rojos y azules altiplánicos, visitamos los Geysers de Puchundiza, que ese día tenían una potencia mayor de la que vi en El Tatio, pero no tuve la suerte de ver el bloque de hielo que forman con su agua escupida cuando hace suficiente frío. Llamas, burros, alpacas, flamencos, bofedales e incluso ñandúes nos acompañaron en el resto de la travesía, que nos llevó a los varios poblados que están en el interior del parque… La vida más sencilla y apacible que he visto jamás, con el volcán Isluga de telón de fondo.

A la salida del parque estaba ya la frontera con Bolivia, y la bomba de bencina más autóctona que he visto jamás: un sitio baldío atendido por dos cholitas que echaban personalmente Diesel o gasolina de 93 octanos en los autos.

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