Vacaciones 2013: Las Trancas y Bahía Inglesa

Contrario a lo que fueron nuestras últimas vacaciones en Gringolandia, éstas se centraron más en el descanso que en recorrer y conocer nuevos y excitantes lugares hasta que los pies no dieran más. Lo único que se mantuvo, fue la parte de nuevos lugares:

Las Trancas

Obsesionada con volver a viajar en este medio de transporte que no tomaba hace años y hace quizás décadas acá en Chile, nos fuimos en tren hasta Chillán, una opción que de todas maneras recomiendo: barato, cómodo y seguro (muy de slogan, pero cierto).

Lo único que quizás puede parecer luego una aventura es llegar de Chillán hasta Las Trancas, queriendo evitar lo caro que cobran los taxis y/o transfer del resort, pero dentro de lo poco planificados que íbamos, salió muy bien. Desde la estación de trenes tomamos un taxi a la estación de buses (La Merced, $3.000) y si bien ésta está situada entre 50 stands de completos y una fábrica de calcetines y la única empresa que hace viajes hasta Las Trancas tenía su ventanilla cerrada durante la hora de almuerzo, a los veinte minutos apareció un bus muy decente y un niño que gritó “¡Las Trancas!” y luego de asegurarnos que paraba en nuestro hotel, éste subió al bus nuestras maletas. 1 hora 40 minutos y un variopinto camino después (hasta los niños de la escuela local tomaron el bus), nos dejó literalmente en la puerta del hotel por la módica suma de $1.900 por persona.

La estadía fue un agrado. Dada la temporada baja, por un precio bastante justo pudimos ser tratados como reyes y comer como chanchitos (con pensión completa). Salir a caminar por Las Trancas es siempre un descubrimiento de lindos lugares nuevos, pero no hay mucha información disponible, por lo que es básicamente “perderse por la naturaleza”. Para llegar a las Termas de Chillán (la cuáles tuvimos para nosotros solos) sí tuvimos que invertir en un transfer, pero aún con este costo sumado a trenes, buses y taxis, siguió siendo más conveniente que bencina y peajes por llegar en auto.

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Bahía Inglesa

A diferencia de en nuestro primer destino, en Bahía Inglesa sí habría hecho un par de cosas distintas:

1. Contar con un auto, ya que no pudimos conocer ni Playa La Virgen ni el Parque Nacional Pan de Azúcar dado que en temporada baja no hay disponibilidad de tours a estos lugares.

2. Alojarnos en una cabaña con cocina y llevar víveres, ya que las posibilidades de comida son pocas y caras.

Aún así, no puedo quejarme de exquisitos días disfrutando de la lectura frente a un mar turquesa y sobre arena blanca (sí, las fotos son de verdad) y comiendo exquisitos pescados en muy lindos restaurantes frente al mar.

 

Viña del Mar

De nuevo no tiene nada, pero sí tuve la oportunidad de (finalmente y tras una promesa de hace ocho años atrás) probar las empanadas de Queso de Concón: la fritura es más precisa que las del Persa (sí, las empanadas del Persa Biobío están en el ranking de las mejores empanadas de queso que he comindo) y su masa es mejor que las de Cahuil (cercanías de Pichilemu). Si tuvieran la cantidad de queso que tienen éstas últimas, serían absolutamente perfectas.