Breaking Bad

Nunca me he arrugado en confesar que veo series malas… Gossip Girl, Desperate Housewives, Grey’s Anatomy, incluso The Carrie Diaries. You name it, I’ve seen it. Películas de las buenas, series de las malas. A las primeras les dedico atención y compromiso, las segundas son un momento de descanso para mis neuronas, dentro sus ajetreados días.

Pero ahora que estoy de vacaciones, el menor agotamiento de mis neuronas me llevó a interesarme en mejores series. Partiendo por: Breaking Bad.

Un nuevo Emmy para esta serie, que el año pasado rompió el récord impuesto por mi antes única excepción, Mad Men, fue lo que gatilló mi curiosidad, que terminó en cinco temporadas en no más de tres semanas… sinceramente, no sé cómo lo hicieron aquellos que tenían que esperar una semana y a veces hasta meses para saber cómo continuaba la historia. Alabado seas, Netflix.

No sólo es la genial historia y la capacidad de los guionistas de crear una irresistible expectación entre uno y otro capítulo, sin excepción. Está llena de detalles que la llevan a otro nivel: las actuaciones, los personajes y sus motivaciones, la música, las cámaras en primera persona, los planos, la locación… una obra maestra.
Breaking Bad