En Lisboa

Mi decisión de viajar a Lisboa, siendo sinceros, se basó en 1. “me dijeron que era bonito” y principalmente 2. no es un lugar que el esposo haya querido conocer, por lo que sigo dejando nuestros destinos prioritarios para cuando llegue a Europa. Y lo bueno de no ir con altas expectativas a un lugar, es que éste te puede sorprender. Lisboa no es un destino con muchos puntos turísticos que visitar, pero mil veces prefiero las ciudades donde perderse por sus calles es maravilloso.

Conclusión del primer día de nuestro viaje, Lisboa = el Valparaíso de Europa, así mismo como dicen que San Francisco es el de Estados Unidos. Un poco más desvencijado que SF, pero no tanto como Valpo, aunque sí lleno de street art, calles laberínticas con escaleras por aquí y por allá, una explanada por donde pasan tranvías (e hice el paralelo con los trolleybuses) y maravillosas vistas de casas coloridas, en este caso en tonos más pastel por los azulejos que las adornan.

LisboaAl segundo día, nos hartamos de comer Pastéis de Belém, unos pasteles de masa crujiente rellenos de nata que son un must de esta área de la ciudad. Pero con lo que realmente me obsesioné, fue con el café de Lisboa; hasta en el kiosko de una bencinera, el espresso era maravilloso… Ah sí, en Belém es posible encontrar la Torre de ídem y el Monasterio de los Jerónimos, pero esto es secundario ante el hecho de que todas las ciudades del mundo deberían tener este nivel de café.

Torre de Belém

Y por si no fuera suficiente con la belleza escénica de Lisboa, Sintra (donde fuimos al tercer día) y sus castillos son para quedarse anonadado. Para aprovechar mejor el tiempo, tomamos un Tuk-Tuk, que es un híbrido entre una moto y un auto, para que nos llevaran de un punto a otro y alcanzar a visitar al menos el Palácio da Pena y la Quinta da Regaleira, los highlights de Sintra. Este último tenía un jardín gigante con grutas que alojaban pasadizos y no hay palabras para describir la belleza del palacio.

Palácio da Pena

Por qué no… un poco de shopping en el distrito moderno para llevar un souvenir de vuelta a Barcelona en nuestro cuarto y último día de viaje.