Crucero por el Mar Mediterráneo

Primera vez en un crucero y, por lo tanto, con todo el derecho de pecar de huasa*, partiendo por mi nerviosismo al no saber qué hacer en las diferentes etapas del viaje (ida al puerto, embarque, desembarques, etc.) y por mi sorpresa al ver lo grande del barco y todo lo que podía contener (casino, gimnasio, spa, piscina, etc.). Insistiré en este punto… ¡los cruceros están hechos para quienes no son primerizos!

Pero para nosotros, lo importante fueron los destinos a visitar, sin desmerecer que hay quienes disfrutan del crucero per se. Al menos eso supongo con las actividades que había a bordo durante todo el día.

Palermo, Sicilia: Sólo queríamos pisar tierra siciliana para poder decir que estuvimos en el territorio de Don Corleone. Las maravillosas pastas con pomodoro, ricotta y berenjenas, el vino frutoso, un fuerte espresso italiano y una que otra esquina ideal para sacar lindas fotos fueron el bonus track de la ciudad.

Nápoles. Sorrento y la Costa Amalfitana: Mi mayor objetivo de este viaje era conocer la región de La Toscana, pero Sorrento y Amalfi fueron grandes sorpresas. Casas de colores frente a un mar color esmeralda y parajes llenos de cultivos de limones, naranjos, cerezos, y olivos. Pudimos ir a una tienda de productores de Limoncello y probar desde el Limoncello mismo, hasta chocolates rellenos de éste… una región centrada en esta fruta, al punto en que ponen mallas en los árboles, para que el limón no se dañe camino al suelo, pues debe estar perfecto para que su piel le de el color amarillo a este licor. En Amalfi disfrutamos nuevamente de la gastronomía italiana, con las infaltables pastas, espresso y pasteles.

Roma: Shame on me por no haber estado interesada en conocer Roma. Ahora, sólo quiero volver porque una panorámica de un día no fue suficiente. En mi bucket list está ahora poder entrar al Coliseo Romano y ver nuevamente la Fontana di Trevi, porque dio la suerte que estaba en proceso de limpieza. Sí pudimos visitar con mayor tranquilidad el Vaticano, la Plaza de Venecia, la de España y la Piazza del Popolo y el tiempo fue suficiente para sorprenderme con el blanco mármol, un monumento histórico en cada esquina y el agua fresca de sus acueductos.

Pisa y La Toscana: La Plaza de los Milagros, es un pequeña joya escondida en una ciudad que fuera de eso no parece nada fuera de lo común. Nuevamente me sorprende el bello contraste del pasto muy verde con el cielo y el mármol blanco, el cual no sólo es igual que el romano, sino que fue traído de ahí por la pobreza de Pisa que sólo podía construir sus monumentos en mármol reciclado de los romanos. La evidencia estaba en las inscripciones que llevaban algunas placas de la catedral y de la torre.

La Toscana, por otro lado, no tiene nada que envidiarle a muchos de los valles centrales de Chile, pero la experiencia de degustar vinos, bruschetta, formaggio, el mejor salame que he comido en mi vida, aceite de oliva, tomates deshidratados y cantuccini en ese escenario, es única.

Villefranche: Sólo puedo decir que a pesar de sólo estar medio día en la Riviera Francesa, un tercio de las fotos que sacamos se concentraron acá. Una belleza escénica realmente impresionante.

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