Bye Bye Grey’s Anatomy TV Series

Y con Grey’s Anatomy me refiero a todas las tv series que únicamente sirven para remojar las neuronas después de un día estresante, las cuales podrían establecer un símil con las chick flicks (no entiendo, por cierto, cómo no hay un término así para las series de este tipo). Yo realmente las disfrutaba, pero fue Breaking Bad la que gatilló mi disgusto por ellas.

Poco después de devorarme esta serie, renuncié a aguantarme la decimochorromil temporada de Grey’s Anatomy y lo absurda que se estaba volviendo Glee. Pero había aún un gran trecho que recorrer, en el cual…

– En dos semanas vimos las cinco temporadas de Game of Thrones y alcancé a llorar con el mundo entero la ¿muerte? de Jon Snow. Que maravilla de serie… la sitúo apenas por debajo de Breaking Bad en mi ranking. Yo que jamás logré enganchar con las intrincadas fantasías medievales, ahora estoy comenzando los libros por la necesidad de más GoT.

– En unos días vi la segunda temporada de Orange is the New Black. Ahora, algunas escenas de ese maravilloso humor negro me provocan tanta risa como lo hacían los mejores capítulos de FRIENDS.

– Después de haber visto la primera temporada de True Detective en una semana, estábamos expectantes ante la segunda y más impaciente estoy de comenzar a entender la historia y volverme adicta a ella. Como esta temporada no sigue en nada el hilo conductor de la excelentísima primera, protagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson, presenta nuevamente el desafío de comprender hacia dónde va la trama.

– Conseguí obsesionarme con la inteligentísima House of Cards, tarea de al menos nueve capítulos por lo complejo que es el mundo de la política. Después de eso, ya es cosa de no cancelar la reproducción del siguiente episodio…

Valar Morghulis… todas las malas tv series deben morir.